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JUEVES SANTO DE LA COFRADÍA DE GENARÍN
Por César Martín Terán (Madrid)
SANTA CENA
Aquelarre de cofrades
alrededor de una mesa,
igual que todos los años
y con éste van noventa,
para cenar todos juntos,
para compartir las penas,
que la noche viene larga
y que hay que acumular fuerzas
para aguantar con decoro
tan intensa penitencia,
para encajar las derrotas
de la Cultural Leonesa,
para afrontar mil encuentros,
los de casa y los de fuera,
es noche en que sin piedad
se critica y despelleja,
como buenos "pellejeros",
a los que mal nos gobiernan,
alcalde, obispos, ministros,
o a todo aquel que se tercia,
es noche de Jueves Santo,
día de la "Santa Cena",
en la que siempre se leen
loas, ripios y poemas
en tu honor, San Genarín,
sobre tu vida y leyendas,
y cada año, una "Encíclica"
que ha compuesto algún poeta,
que la lee, y, con fervor,
los parroquianos celebran.
PIADOSA PROCESIÓN
Después de la "Santa Cena",
la una, ya Viernes Santo,
tus cofrades se dirigen
hacia la Plaza del Grano,
donde cargan a los hombros
de los cofrades los pasos,
que no son ni dos, ni tres,
ni son cinco, sino cuatro:
la Cuba, con las ofrendas,
la Muerte, Moncha y Genaro.
Luego, los "Evangelistas"
cabezudos, que no enanos:
"Porreto", "El gafas", “El Rico”
y “El Poeta”, Pérez, Paco.
Como cualquier leonés
que procesiona a sus Santos,
marchan todos los cofrades
por antorchas alumbrados
cantando “tristes” canciones
y su orujo trasegando.
PRIMERA PARADA
En la Plaza de la Sal
tienen el primer descanso
para leer más poemas
y para un culín o un chato.
SEGUNDA PARADA
Pueden hacer los cofrades
el penúltimo descanso
junto a la Pulchra Leonina,
poema, oración y...trago.
Por la "Canónica Vieja"
y Puerta Castillo, " el Arco",
progresa la multitud
de cofrades y paisanos
a la TERCERA PARADA,
la del último descanso,
entre tragos y poemas,
entre cantando y brindando
debajo de la muralla,
tercer Cubo, Lugar Santo,
donde tú, San Genarín,
tuviste el glorioso tránsito
y el "hermano colgador"
deja tu ofrenda en lo alto.
DESPEDIDA
Agotando sus botellas,
bebiendo trago tras trago
y con la garganta ronca
de cantarte tanto canto,
tus devotos se despiden,
con gran libación, rezando,
y te prometen contritos
que volverán en un año,
que será el noventa y uno,
si lo seguimos contando.
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