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  EL CERTAMEN GENARIANO
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REVELACIÓN A LA LUZ DE LA LUNA
PREMIO I CERTAMEN GENARIANO DE VERSOS BURLESCOS
Por Fernando C. Pérez Álvarez (León)

La noche estaba fresquita,
cinco grados bajo cero,
Jonás, el sepulturero,
el de la pierna marchita,
recorría el cementerio.

¡Qué noche de Jueves Santo,
siempre me toca lo malo!
cruzaba aquel camposanto
sobre su pata de palo.

Un ruido se había oído,
una especie de clamor,
y al fondo como un resplandor,
tal vez de fuego encendido.

Una tumba relucía,
a ella se fue el cojitranco,
en su losa se leía:
“Yace aquí Genaro Blanco”

Temblando se aproximó,
Jonás no era un cobarde,
más la figura que vio
le puso el hielo en la sangre.

Un fantasma en mandilón,
en su cabeza una gorra,
de pana su pantalón,
y la mirada muy torva.

Con la napia colorada
y con manchas de carmín,
viniendo desde la nada,
se apareció Genarín.

¡Ay que te conozco, espectro!
tú eres San Genarín,
fuiste con el orujo muy diestro,
y hoy tu parroquia se extiende
desde León a Pekín.

Contra un cubo te mató,
un abuelo del Pegaso
que conducía un presunto;
me santiguo, por si acaso
la bondad se te pasó,
en tus años de difunto.

Fuiste tahúr y putero,
despellejaste conejos,
sin rival de parrandero,
como cuentan los más viejos.


Crispaste mentes obtusas,
molestas con las braguetas,
e inspirados por las musas,
te cantaron los poetas.

Navegaste en el orujo
junto a ninfas muy traviesas,
y te bebiste el embrujo
de las noches leonesas.

Contestóle San Genaro,
con su voz aguardentosa:
te noto bien informado,
pero he venido a otra cosa.

El mundo corre peligro,
y podría suceder
que llegue a desaparecer
si de aquella no os libro.

No será por terremotos,
tsunamis o maremotos,
ni será por meteoritos,
que dicen los más cabritos.

Os lo tengo que decir,
que vivís en tontería,
porque vuestro día a día,
no tiene la bizarría
que requiere el buen vivir.

Vivís para trabajar,
acumulando dinero,
olvidasteis el gozar,
que siempre fue lo primero.

Ya ni os sabéis reír,
ni burláis a la baraja,
la prisa os amortaja
y os hace sucumbir.

Domina la mala leche
hasta en eso del comer,
y zamparse un escabeche,
no se tiene por placer.

No hay un día sin cabreo,
ni gitano que lo aguante,
se terminó ya el talante
y el tiempo del compadreo.

Las reglas de supervivencia,
estas que voy a dictar,
son cargadas de sapiencia,
y fáciles de observar:

Currelo dosificar,
holgar, comer y beber,
siempre que puedas, joder,
no se te vaya a olvidar.

En lo tocante a León,
a mí no me gustaría,
que si me mató un camión,
le mate a Maxi un tranvía.

Se lo advierte Genarín
a Paco el de la raqueta,
al Niño de Carrasqueña
y a Ricitos Chamorrín:
Al ser año de elecciones,
como incurráis en derroche,
me aparezco cada noche
y os paso purgaciones.


Diles a los de mi cofradía,
esos que en andas me llevan
entre tanta algarabía:
¡Traedme a Belén Esteban!.

Que en la tumba paso frío,
más que las estatuas griegas,
me coge el pecho el rocío
y preciso que esa moza,
me facilite unas friegas.

Jonás, fiel sepulturero,
correveidile de tascas,
te nombro mi mensajero:
baja a León…y lo cascas.

Que yo vuelvo a mi guarida
a fardar de mis conquistas,
mientras echo una partida,
con mis cuatro evangelistas.

Prendo una tagarnina
y un orujo saboreo,
en tanto que me recreo,
jugando a la garrafina.

Hablar tanto me marea,
soy un nocturno viajero,
el alba ya la clarea,
Francisco Pérez Herrero.

La luz se desvaneció,
Jonás postróse de bruces,
y en medio de tantas cruces,
la aurora así lo encontró.

Hasta aquí llegó esta rima,
crónica de lo que pasó.
A la audiencia tengo estima
pero me voy con urgencia,
que me vence la impaciencia
de cumplir lo que Él mandó.





COFRADÍA DE NUESTRO PADRE GENARÍN